
Sin embargo, hubo un nombre que destacó sobre el resto. Un tal Kobe se volvió a disfrazar de Dios para hacer historia en el Madison y conseguir la anotación más alta en la historia del pabellón. Y no es una cancha cualquiera. 61 puntos, con 20-20 desde la línea de personal y una sensación de superioridad que no se recuerda desde que Jordan dejara este deporte. Kobe sigue haciendo historia y con el de ayer son ya 25 partidos consiguiendo 50 puntos o más en un encuentro oficial NBA.
No estuvo solo
Si el partido de Kobe fue para enmarcar y guardar en la videoteca, el de Pau Gasol sirvió para tranquilizar y hacer olvidar (momentaneamente) la lesión de Bynum. El catalán se fue hasta los 31 puntos, 14 rebotes y 5 asistencias, completando así uno de sus mejores encuentros desde que viste de púrpura y oro.
92 puntos entre Kobe y Pau y una nueva victoria de L.A que deja al conjunto angelino a 2 partidos Boston, que tiende la mejor marca de la liga con un 40-9 por un 38-9 de Lakers.


Quién me iba a decir a mi a principio de temporada que ibamos a estar en esta situación. Probablemente más de uno, pero le hubiera tachado de inconsciente o de iluso. Sin embargo, después de varios meses de competición, nos encontramos en una holgada posición en el campeonato liguero y clasificados para las semifinales de la Copa del Rey, tras haber dejado en la cuneta a tres primeras. ¡Qué bonito suena por Dios!
Parece mentira que sea el Atlético de Madrid el equipo que llega a la jornada dieciocho con la amenaza de despido para su técnico encima de la mesa. Si hasta hace poco Caparrós estaba más que cuestionado y sobre la cuerda floja, ahora es Aguirre el que tras un par de malos resultados se encuentra al borde del abismo.
